lunes, 7 de mayo de 2012


¡Armadas y listas para limpiar Villas Ibero!






La vida del que hacer doméstico es sobre estimada por muchos;  creyendo que son meramente gente inculta y siendo victimas de burlas e insultos. Esta es la vida de las mujeres que trabajan arduamente y que orgullosamente levantan la frente en alto.

Desde muy temprano las trabajadoras de limpieza de Villas Ibero salen de sus casas, de las cuales tienen que llegar por autobús, haciéndose hasta 2 horas en el camino. Desveladas y cansadas pero gustosas de venir una vez más a trabajar, llegan con ánimo para encontrarse con sus compañeras. Rápidamente comienzan a armarse con productos de limpieza y ha dividirse los edificios de hombres y mujeres.

Una vez en los edificios, cada quien se dirige a sus respectivos pisos, en donde entre todas, comienzan a limpiar el área común; ya sea lavando trastes, sacando la comida caducada del refrigerador, sacando la basura, barriendo y trapeando los pasillos, o aspirando las migajas de comida de los sillones. Posteriormente proceden a limpiar las habitaciones; una vez adentro, deben ser muy cuidadosas en tomar las cosas que se encuentren tiradas en el piso o el baño, ya que muchos de los residentes son “especiales”  y en ocasiones llegan a causarles problemas serios.

Sin embargo, a lo largo del aseo se puede ver el gran compañerismo que se tienen; retos de tiempo, bromas y noticias de última hora, son las que conversaciones que reinan por las mañanas. Y tras una ardua labor, una buena comida es merecida. La comida se convierte en el momento perfecto para platicar acerca de su día; de sus amigas y de sus hijos, ya que la mayoría son madres e incluso orgullosas abuelas.
Una vez que han terminado, se preparan para continuar los quehaceres en la cafetería, salón de juegos y estudio; y así finalizar con su día de labores. La tarde se acercó con rapidez, y siendo las seis ya pueden ir de vuelta a sus casas, en donde sus hijos y familiares las esperan gustosos; todos reunidos se disponen a cenar y a ayudar a los niños con las tareas, para después acostarlos en la cama. Muy cansadas y con un fuerte dolor de espalda, se disponen a dormir.

Esta es la vida de estas guerreras; una rutina que a pesar de ser muy pesada, no pierden la sonrisa por trabajar y ver a sus compañeras y compañeros; no es de menospreciarse, sino de digno de admirarse, ya que muchas de las personas no son siquiera capaces de imaginarse cuan fuertes son. ¡Es por eso que ellas son las verdaderas campeonas de Villas Ibero! 







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